No era nada nuevo, pero tampoco era tradición, mas bien siempre existió, escapando de la memoria desde un inicio, y entre tanto esconderse conseguía ser olvidado.
Las escaleras aquellas que entre la obscuridad retaba a los mas ávidos se escurría hasta el cielo en su continua forma de caracol, los ojos parecían no importar para caminar en ellas, los recuerdos de la rutina diaria eran las guías, logrando caminarlas incluso de ojos cerrados, recordando nada mas, la irregularidad de sus escalones, las piedras que existían en otros y teniendo cuidado de los mas lisos.
Y juntos cada escalón terminaban en aquel ultimo piso, oscuro, como todo el edificio, sin luz, como las escaleras, aunque como un regalo al observador, solo los ojos mas perseverantes lograban observar mientras se acostumbraban a la obscuridad, un pequeño detalle de luz azul, en el fondo de aquellas entrañas de piedra.
No pretendo el olvido, pero tampoco quiero la eternidad, te la regalo si quieres, entre letras te la regalo, porque solo entre las letras puedo darte el olvido de una pagina, pero la eternidad de su contenido.
Y para el aquel que sin miedo, avanza hacia la luz, hacia el azul que se abre ante la mirada, descubre delante de si una puerta entre abierta, las manos temblando mas que miedo lo hacen por emoción, producen un crujido de la vieja madera.
Por instinto los ojos ven en un movimiento veloz la fuete de luz, es una ventana, que cerrada, nos dice que la luna nos mira, entre nubes de grises que simulan su velo, que cubren su cara pero deja sus ojos con los que ilumina, y entre aquel encanto la luz que deja colar la ventana, forma ora escalera acaracolada, pero esta vez con luz mucha luz. Y si, para el observador era llegar hasta ella, el que ama es que es capaz de subir por ella.
Guiame con tus ojos, guiame que tu luz no me deja ver otro camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario