Escribo mientras afuera, el cielo parece caer en forma de
agua, La lluvia parece besar mi ventana, como una pareja que comienza con unos
temerosos besos, para luego ir aumentando su intensidad, hasta mojar todos mis
vidrios con fuerte estrepito, de una manera
tan apasionada que el ruido que genera
parece perderse en el barullo de mi desordenada cabeza, escribo acompañado de
este amor natural, escribo en un cuaderno que si hablará o si somos más audaces
y este tuviera piernas y manos a la vez que habla, seguramente me bendeciría
con unas palabras populares y luego saltara de mi escritorio maldiciendo su
estancia en mi hogar y volviera jamás, el descuido que tenía por él, era algo palpable
por todos los sentidos, pero ya que afortunadamente el cuaderno es inanimado me
dejaba escribir a mis anchas, no podría precisar lo que escribía quizás una de
esas cosas que todos escribimos o tal vez solo hacía una lista de compras o un
plan secreto ya olvidado entre los documentos clasificados de mi mente, pero a pesar de ese olvido
recuerdo el segundo cuando el sonido regular de la lluvia fue acompañado por
un nuevo tono, más agudo y sonoro, un sonido familiar pero olvidado ya que
tendía a sonar cada vez con menos regularidad, tiempos de un pasado que sonaba
de manera un tanto más continua, tiempos al borde del olvido pero que eran
suficientes para poder reconocer el sonido distante que esta vez se repite tres
veces, al sonar casi sin perder el viejo instinto respondí: ¡Ya voy!.
Tras el sonido agudo del timbre vino una reacción en cadena
inesperada pero controlada, cerrar el cuaderno, colocar el lápiz a un lado
observar con la mirada donde es que se podían encontrar las llave, buscarlas
mientras mis piernas comienzan a levantarme y mis manos comienzan a buscar en
los bolsillos de mis pantalones y al no encontrarlas buscar en los bolsillos
inexistentes de mi camisa, luego levantar cualquier cosa que se encuentre en el
escritorio para luego entrar en una etapa inicial de desesperación que empieza
con llevarse una mano a la cabeza mientras se come las uñas de la otra en el
momento que los ojos hacen un recorrido visual por los lugares ya consultados
luego escuchar dos veces más el sonido agudo del timbre incrementando la
desesperación y llevándola a un nuevo nivel lo cual hace que la voz salga más
golpeada tal vez por enojo o el miedo mismo de encontrarse en un absurdo de las
cosas perdidas y responder más rápidamente: ya voy, YA VOY!!!, y en este clima
caótico de desesperación después de corroborar que las cosas no aparecen por
más que se vea el lugar donde no se encuentran, la mirada se centra en un lugar
que antes parecía oculto, pero ahora se revela acompañada de una extraña luz
que lo vuelve más evidente, un pequeño perchero con motivos coloridos y
gallinas regordetas cargadas por personas de iguales dimensiones, cuelga una
llave, esa llave que se buscaba y como antes de llegar a una tercera etapa todo
se libera y se siente el alivio de salir del absurdo de la búsqueda de aquello
que se tiene cerca pero se está lejos al
no verse.
Miro por la mirilla de la puerta como parte del proceso
rutinario pero ya no acostumbrado, sin prestar atención veo la figura de
alguien que a mi me memoria me resulta familiar, una extraña conexión que
genera un escalofrío de nerviosismo y de
expectativa, sigo viendo y entonces
percibo una voz que proviene del otro lado de puerta, una voz que revuelve los
ya alborotados recuerdos, una voz que por su cercanía y familiaridad me hace
dudar por un instante si soy yo el que esta afuera y mi visitante es el que
recibe mi visita.
-¿No piensas abrir? Son las palabras específicas que
provienen de afuera, me tardo un tiempo en unirlas y conocer su significado, que
a pesar de ser duras en su tono guardan una misteriosa dulzura y confianza.
El aliento me pesa y se me hace difícil respirar, esa visita
desconocida pero conocida por alguna parte mi hace que mis fuerzas comiencen a
perderse, toman rumbos diferentes al de mi cuerpo y comienzo a perder el
equilibrio
-No... no puedo-,
digo con vos cortada, mientras me apoyo en la puerta para no caerme
Un silencio vuelve a apoderarse de las circunstancias,
volviendo cada instante un una tortura
-Está bien, pero me quedare aquí, por si necesitas que hablar.
Después de unos eternos segundos la voz femenina de afuera responde de una
manera que solo me deja más aturdido, pero que internamente me llenó de
satisfacción.
Me siento en el suelo con la espalda contra la puerta, y
percibo que mi visitante se coloca de igual manera, juntamos nuestras espaldas
con la separación de una puerta, la desconozco pero sin lugar a dudas ella
tiene la certeza de quien soy, ¿es posible conocer a alguien sin por lo menos
haberlo visto?
La duda es inquieta y escurridiza como el agua, y comienza a
correr golpea las paredes sin lastimarse o tal vez sí, todo para conocer el
dolor, mientras se ríe corre por el cielo como un ave expande sus alas para
conocer que es volar aunque en realidad desconozca sobre aerodinámica, es la
duda de ver el negro del universo e internarse para ver si es nada más un
límite o un lugar que ni la luz se ha atrevido a explorar, y mi duda comienza a
tratar de superar esa puerta física.
¿Quién eres?- la duda a controlado mis palabras y motiva de
manera imprudente para mi cerebro pero de manera lógica para la duda a mi boca
a hablar.
Pero antes de recibir una respuesta, un fuerte ruido distrae
mi atención y veo como el suelo comienza a formas líneas de grietas que
serpentean a una velocidad increíble y comienza a destrozar el suelo, rápido
busco una forma de evitar ser tragado por la tierra y salto de mi lugar donde
rápido amenazaba una grieta en llevarme con ella, a uno más seguro, y en pocos
segundos mi piso queda hecho pequeñas islas pero con la diferencia de no estar separas por agua si no que por un
inmenso vacío que tal vez terminara en el fondo de la tierra.
Conmocionado por la rapidez de la destrucción recuerdo la
visita, y veo hacía la puerta, la cual sigue de pie, inmutable, como un
espectador ciego de lo sucedido, parece que todo esto ha sucedido nada más al
interior de mi hogar, por extraño que
parezca, pero a pesar de esa calma, pregunto a mi visitante -¿Estas bien?-
-Tranquilo, no ha pasado nada por aquí, y tú ¿cómo estás?
-Sí, solo un poco agitado- respondo sin querer preocuparla,
al parecer realmente todo ha pasado solo al interior de mi casa.
Trato de tranquilizarme de no alterarme a pesar de estar
parado en un espacio reducido, y otro ruido vuelve a llamar mi atención y mi
techo comienza a caer pedazos mostrando una increíble nave, o más bien una
clase de barco volador enorme que se
estaciona sobre mi casa, y veo que una escalera desciende justo enfrente mío.
Nada de un sentido lógico me indica que debo subir una
escalera solo porque se ponga frente mío, al menos estoy muy seguro que entre
las enseñanzas de mi niñez estuvo claro no tratar con extraños, más si eran
escaleras de barcos, voladores, que estaban sobre mi tejado, así que primero
rechace tan siquiera la idea de subir por ella, pero entonces escuche la voz
femenina del otro lado de la puerta diciendo: ¿Ya llego?
-¿El que se supone que tuvo que haber llegado?- cuestiono
extrañado ante la pregunta de mi visita
-Solo sube las escaleras, es el viaje que estabas esperando-
lo dice con una voz dulce y tranquila.
¿El viaje que estaba esperando? – yo no espero ningún viaje
dije para mis adentros, además me iba a dejar mandar por alguien que el único
vínculo era que toco mi timbre y estaba enfrente de mi puerta, y tomar una
escalera hacía una cosa totalmente estrafalaria y desconocida, así que hice lo
que cualquier hubiera hecho: me pellizque
para corroborar que no era un sueño y subí la escalera.
Al cabo de unos cuantos tablones de madera los cuales,, por
mi condición física formada gracias a estar sentado la mayor parte del día
frente al computador o dibujando, hicieron que fuse una ardua tarea, de tal
manera que al llegar al último peldaño estuve jadeando y tratando de tomar la
mayor cantidad de aire que mis pulmones pudiesen tomar, pero no alcance a
tranquilizarme o por lo menos tratar de aclarar mi vista cuando un pequeño hombrecito que aparece delante de mí me
agarra de un brazo y me tira hacía el interior del barco y grita: ¡Bienvenido a bordo marinero!
Madera ya endurecida por los años y caminatas sobre ella
formaban el suelo del barco, unida por pedazos de metal oxidado, se veían
largas chimeneas metálicas con formas dispares que sobresalían por todo el
barco, y varias hélices de diferentes tamaños que eran las que mantenían por
los aires a tan extraño barco y un pequeño cuarto donde se encontraban los
controles del barco se situaba al centro del barco y junto a esta un gran
aparato metálico que hacía funcionar el motor de la nave.
Su capitán, el pequeño hombre bonachón, era un tipo que a
pesar de tener apariencia de un viejo marinero cascarrabias, era un hombre de un gran carisma y una pronunciada
sonrisa que siempre era acompañada de una sonora carcajada, en su cara se y
arrugas se veía la experiencia haber navegado por todos los… ¿cielos?.
Mientras dejaba que su perico tomara el timón de su barco él
me contaba un sinfín de historias fantásticas, de cómo una vez su barca se vio
rodeada de tiburones, si con alas, y como tuvo que lograr esquivarlos todo con
una pierna rota, mientras con su mano tiraba de las velas y con la otra, que
también estaba rota como su pierna, le preparaba un café para mantener
tranquilo los nervios, mientras su perico hacía una misión secreta en el
Himalaya, claro todo esto parecía de una mente bajo sustancias extrañas, pero
al estar en un barco que surcaba los cielos, no quedaba más que creerlo de
alguna manera.
Después de cruzar por varias nubes y esquivar unas altas
montañas, nuestro barco llego a pasar sobre una extensión de agua, no sabría
decir en qué lugar estábamos, pero el capitán del barco parecía muy seguro de
dónde dirigir el barco, me preguntaba si tenía algún punto de llegada o todo
era solamente para dar un paseo sin fin, pero mi duda llego a solucionarse más
rápido de lo que esperaba, y el barco comienza a descender hasta un pequeño
punto verde entre la inmensidad del azul del agua, a medida que descendemos distingo los
diferentes tipos de árboles de aquella pequeña isla, un lugar perdido en la nada,
tal vez nos estamos quedando sin combustible y ese es el lugar más cercano para
conseguirlo, o este era finalmente el punto de llegada del pequeño capitán.
Cuando el barco logro aterrizar justo en la orilla de la
isla, curiosamente no lo hizo en el agua, sino que la arena, el capitán se
acerca y me dice:
-Bueno marinero, fue muy agradable navegar su estadía en mi
barco, pero finalmente hemos llegado a su destino
-Gracias por el viaje capitán, y ahora, ¿qué haremos
entonces? Porque su objetivo es esta isla.
-Creo que no ha entendido marinero, en esta isla es donde
usted se queda, es lo que dice su boleto, este era su lugar de destino.
-¿Mi boleto?, - es lo único que puedo decir, ante tanta
confusión
-Así es, fue un honor tenerlo en mi embarcación pero es
momento de volver a volar, así que le solicito que comience a disfrutar de su
destino
Extrañado, bajo del barco, no había traído nada más que lo
que tenía puesto y ahora estaba en una isla sin rastro de humanidad, hago un
gesto de despedida al capitán y su barco mientras este comienza a elevarse y
perderse entre las nubes.
Miro hacia el interior de la isla, solo el verde de los
árboles parece existir en aquel lugar.
Me siento en arena, en la orilla de aquella isla, veo hacía
la inmensidad del mar, y comienzo a pensar sobre ese día, lo extraño de todos
los sucesos y sorpresivos, aparte de ser cosas totalmente sacadas de la
realidad, el suelo de mi casa estaba destruido y parecía un laberinto del
terror con una caída infinita, y luego el barco volador con sus extraños
personajes y claro, el lugar donde estaba, esta isla que no tenía ni una sola
idea de dónde podía estar, pero, ¿y la visita que había recibido? Por supuesto
todas estas cosas habían pasado después de la llegada de ella, pero ¿Quién es
ella?
Pero mi pequeño momento de tranquilidad es interrumpido por
varios ruidos que escucho que provienen del bosque, vuelvo a rápidamente hacía
los arbustos más cercanos y veo como unas sombras se mueven entre ellos, me
paro y trato de pensar que es algún conejo o algo, pero cada vez escucho más
sonidos, son como pasos rápidos de mucha gente trato de ver algo entre las
sombras de las hojas, logro percibir alguna clase de cuerpo humano entre ellos,
me trato de aproximar, pero siento un pequeño pinchazo en mi cuello y lo demás
solo es el recuerdo de un profundo sueño y mi cuerpo cayendo en la arena para
tomar una larga siesta
Formas raras como
mascaras de colores veo en un horizonte difuso e inmenso
-¿Recuerdas que tu sueño era ser astronauta?
-Si pero ahora es mejor. Porque puedo ver las estrellas sin
molestarme por tener a mi un sol cerca.
-¿Y recuerdas que tú querías viajar por todo el mundo?
-Sí, pero descubrimos que el mundo más grande era el que
estaba al alcance de nuestras manos
Pero demasiada felicidad parece obra de un sueño o tal vez
nada más de un plan que tiene el fin de todo plan: nunca cumplirse, y la hora
de despedirnos llego, en un camino de piedras reposaban tus pies mientras yo no
podía más que verte marchar, y tener que decirte…
Adiós
El sueño ha terminado, despierto, y me sobresalto al ver
unos hombres de baja estatura bailando alrededor mío con máscaras, similares
con las que empezó mi sueño, concluyendo que seguramente fueron ellos quienes
me dispararon algún sedante que me produjo ese sueño, ese sueño, que más que un
sueño era una clase de visión, de mi pasado o de mi futuro
-lo que viste fue nada más que aquello que habías olvidado.
Una voz fuerte pero femenina interrumpe la danza de mis
acompañantes, veo de donde proviene la voz y es una mujer, con el pelo como
fuego de facciones fuertes y de cuerpo esbelto, una guerrera oculta de ese
bosque.
-¿Aquello que he olvidado?- la cuestiono
-Sí, pero es todo lo que necesitas saber para continuar tu
camino, es momento que regreses.
-Disculpe mi bella señora, pero no la comprendo
-Si te quedas aquí mis guerreros de comerán, además tu lugar
no es aquí.- Y al momento de decir esas palabras golpea con un cetro el suelo y
veo como todo se vuelve difuso y comienza a moverse de manera vertiginosa y en
círculos hasta que mis ojos se cierran y estoy de vuelta, en mi puerta con la
llave en mi mano
-¿No piensas abrir? Me cuestiona la ya conocida voz.
-Si... si ahora mismo, abro la puerta y sol segador nubla mi
visión saco mi mano y una sensación
extraña la invade, una sensación de libertad, de poco peso, y finalmente, la
veo a ella. A mi visitante
-Dime, ¿por qué tardaste en abrir la puerta?
- Solamente no encontraba donde había dejado la llave.