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lunes, 29 de febrero de 2016

Aquella noche

Cuarto oscuro, unos tablones de madera que el tiempo no logra consumir a pesar de tener en ellos miles de cicatrices del paso de las agujas del reloj, lo cual no parece destruirlos, solo darles una capa de polvo, tal vez para protejerlos, tal vez solo para que no se sientan solos.

Una tranquilidad inusual invade la noche, la ciudad parece tener sus  ojos en algún lugar al cual nosotros, tal vez sin querer, evitamos, esos ojos que con luces y sonidos estridentes parece querer dar un sentido a aquellos que buscan el sentido de porque sus pasos siguen avanzando a los ordenes de sus rutinas, o aquellos que su alma solo busca querer pemanecer en silencio, sin ser escuchada.

- ¿Corremos?
Nuestros  pasos ha roto el silencio del camino que hemos tomado, el cual tranquilo descansaba en su obscuridad, ahora lo hacen mas rápido, con mas estridencia tratamos de ganarle a aquel aparato que con una luz regula el flujo de las calles.

Damos una pequeña carrera, tu pelo parece agradarle el estado de quietud y resiste a moverse, tratándose de aferrarse al espacio de aire que se encontraba, pero este parece soplarle para levantarlo y darle una gracia única.

Un sonido se escucha en aquel cuarto de los viejos tablones, las vigas de si viejo techo parecen estarse moviendo, un pequeños huecos dejan entrar tenues rayos de luz, y una suave brisa que entra estremeciendo aquel polvo.

- Por que no me hablas un poco mas de ti - te cuestiono, mi mente aun poco acostumbrada a un nuevo lenguaje hace malabares para lograr comunicarse y como sobre una cuerda floja a un mal paso teme caer en la miseria del no darse a entender y perder así la atención de tu publico.

Veo al cielo y allá arriba, la luna sin obstáculos brilla en su completa plenitud, su completa figura se deja ver hasta caer en los reflejos de un mar quieto pero poderoso, el cual observamos y con una mirada perdida tus ojos buscan en el la respuesta del cielo de tu mente, y veo en tu mirada el brillo de de una luna oculta la cual parece brillar aun mas que aquella que la noche ilumina.

-Me encanta este silencio, no es lo usual donde yo vivo este silencio- Me dices viendo apoyada en los tablones del muelle, y observando el oscuro horizonte con pequeñas luces difusas a la distancia.
Me coloco a tu lado, trato de disimular, se que mi mente puede traicionarme, y trato de ocultar lo increíble que sentí al verte por primera vez, y sin decirlo pero solo al pensarlo dije, que hermosa es ella.
-Nunca había venido aqui de noche- te digo, mirando ahora aquellas luces - Me encanta este silencio.

Mi mente comienza a pensar mas palabras, trato de encontrar palabras en las traducciones de mi mente, y una nueva preocupación se suma a mis oleajes mentales: La estaré aburriendo? y torpemente vuelvo realidad en pregunta mi preocupación,

-Espero que no estes aburriendote con esta larga caminata- escapo a decir en mi torpe intento, vuelvo literal mi pensamiento.

-Claro que no, no siempre tienes porque andar corriendo en la vida- Respondes dulcemente, y mi alma se tranquiliza un poco, y verte de nuevo a tus ojos, y ver el reflejo de luz que internamente de ellos ilumina.

Las tejas de aquel viejo techo son llevadas con mayor fuerza por el viento, abriendo mas huecos por donde el aire entra y baila llevandose el polvo de aquellos tablones, y con figuras de espirales los puntos brillantes suben con las ráfagas de aquel viento y como un brazo que se extiende salen por las rendijas, dejando a la vista y sin cobertura el antiguo suelo.

-Me has prometido que vamos a bailar-
-Claro que no!, yo no puedo bailar-
-Claro que si, tranquila yo te enseño, solo encontremos un lugar que este abierto.

Caminamos, buscamos, nos divertimos.

-No tienes porque beber si no quieres
-No tranquila, esta bien, bebamos algo
-seguro?
-O podriamos ir a ver una pelicula, estamos cerca del cinema
-Ves no quieres tomar entonces
-No, no, si quiero, tranquila
-Me confundes- Sonries


Nos quedamos, Bebemos, salimos, caminamos, sonreímos, buscamos, nos divertimos,

-Mira una pintura - Me dices

Te abrazo, me abrazas, nos vemos, sonreimos, caminamos, buscamos, nos divertimos

Te beso

El techo es llevado por absoluto el viento que parece tener la fuerza de los dioses arraza ahora con todo a su paso, el polvo que iluminado se eleva hasta la fuente de la luz, hacia la luna misma parece extenderse ese brazo luminoso, y aquellos viejos tablones del suelo quedan sin su acompañante, y ven finalmente la luz, ven la luz que por tanto tiempo no habían logrado observar.

Me besas
Te beso
Caminamos, no soporto el segundo que mis labios no están junto a los tuyos y volteo tu cara a un lado para encontrarla con la mia que con mis labios encuentro los tuyos y el oleaje de nuestras emociones choca estrepitosamente en el puerto de nuestros cuerpos.

-Donde dejamos el carro? - me preguntas,

Escaleras, nos besamos, hay gente, nos detenemos, te tomo de la man0, juego con tu pelo, te beso

-Creo que es el segundo piso- te respondo
Entramos al elevador
2
3
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7
El ultimo piso del elevador, los mares de nuestros sentimientos que dentro del elevador eran olas inquietas salen para tomar algo de aire en la azotea de aquel parqueo y nos encontramos en un beso, el mar de mis emociones toma el control y como marinero a la deriva nos sujetamos en lo primero que podamos del mar, y en este mar de besos somos nosotros mismos, somos de los únicos que podemos sujetarnos, y con fuerza de no morir nos sujetamos, aunque en este delirio utópico, de besos el mismo mar y la salvación son lo mismo, somos nosotros.

Bajamos al carro, el cual es solo una estación mas de nuestros oceanos, siento el terciopelo de tu piel, mis dedos se deslizan por tu espalda que provoca un huracán mas en mi ya apocalíptico invierno, no logro despejarme de tus labios, de los cuales parece que al besarlos mas solo me quedan mas ganas de besarlos.

Momento de despedirnos. Tienes que irte, me dices, te pido que no lo hagas, que te quedes, pero se que es imposible, insisto como un niño al cual su madre le prohibe comer galletas, y como puede el niño siempre trata de lograr llegar a ellas, pero mis intentos infantiles no pueden tener efecto en el rigor de tu decisión y del destino esa noche, esa misma noche que el mar me arrastro y me dio la salvación en un mismo ser, ese mismo ser, esa misma noche, me dices: Adios