-¿Me acompañas?- pregunte
-No, solo te observo.
-Hay espacio en mi asiento, si quieres estar mas cerca.
-Estoy bien aquí, gracias.
-¿Fumas acaso?
-No fumo, solo prefiero estar aquí.
-¿Te molesta si comienzo a tocar mi viejo piano?
-Soy indiferente en realidad.
Comienzo a tocar una suave melodía, mis manos se mueven suavemente sobre las teclas de aquella antigüedad.
- ¿Y porque vienes a observarme?, no soy un sujeto interesante, creo que podrías encontrar alguien mejor que observar-
Solo el silencio parece responderme, vuelvo sobre mis hombros, y miro el lugar donde se encontraba aquella figura que pareció desaparecer. Mi cuarto que al igual del piano, es sumamente antiguo, paredes viejas con una pintura gris y descascarada dejando ver la desnudez de los ladrillos, paredes que dejan la abertura para la puerta que parece estar hecha de la misma madera de mi instrumento musical.
Regreso mi vista de nuevo a las teclas de mi piano, un tanto inquieto por esa visita inesperada pero volátil, me preparo para seguir con la segunda parte de mi composición cuando alzo un tanto la mirada, y observo la figura que antes me observaba a mis espaldas, estaba enfrente mio, sobre mi piano, la luz de la ventana le daba un brillo inexplicable pero inquietante sobre sus cabellos, me miraba y sonreía.
-Asi que eras tu la que me observaba.
-¿Esperabas alguien más?
-Podía esperar a cualquiera, pero siempre desee que fueras vos.
-¿Estas feliz?
-Es la primera vez que escuchas mi viejo piano.
- Es la primera vez que no me invitas a escucharlo.
- Tú siempre tan vos.
-Vos siempre tan tú.
-Las cosas ya no son las mismas desde que te fuiste, mi cuarto a quedado como lo dejaste, tu foto colgada en la pared, la camisa que olvidaste, la maleta que nunca llenaste.
- ¿Acaso quieres hablar de tu cuarto en este momento?
-¿Quieres sentarte a mi lado?
-¿Pretendes enamorarme?
-¿Quieres escuchar una canción más?
-¿Pretendes que te ame?
-¿Quieres escuchar las canciones antes?
-¿Que es lo que quieres?
¡Quiero olvidarte!!- grite golpeando las teclas de mi piano.
Y una risa me susurra a mi oído mientras lloro sobre aquellas arruinadas notas, -Tranquilo, vendré a verte siempre.
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