-La vida parece ser un estornudo, repite mi mente, cada uno
de sus detalles, son llevados y destinados de manera cruel, a aferrarse a un
tren que rápido los destruye y sin un lugar de parada, se pierde entre las carcajadas
de alguien que parece disfrutar mi desdicha.-
Es de mañana mi mente inquieta da la orden de despertar, el
sueño de aquel tren rápido como torpedo nubla mi inconsciente, mientras
consciente mis ojos buscan entre la ropa aquella que aún no he usado. Es cielo
azul del exterior, el cual parece sonreírme por compromiso a través de los vidrios de mi sucia ventana, con un
gesto amargo, mis rostro saluda a este cielo a la vez que mis manos realizan el
café, que espero calme mis pensamientos y anime mi cuerpo.
Enciendo la radio mientras lentamente me acomodo en la silla
de madera del comedor, distraído leo un libro que le quedan pocas páginas para
terminar en el olvido.
Leo olvidando el desarrollo del mundo, absorto en letras mi mente desconecta
por un instante de la realidad hasta que el pitido de la tetera indica que el
agua está lista para preparar mi café, me levanto sobresaltado y es en esta
alteración que sin fijarme doy un puntapié en la mesa, que en mis desnudos pies
causa un dolor insoportable. Trato de componerme mientras veo que el golpe a
abierto una herida de la cual la sangre apresura en salir, el agua mientras
tanto parece superar un nuevo límite de fusión, intento caminar con un solo pie
y así llego a la cocina, es tan poca mi habilidad que al intentar agarrar la
tetera, esta se da vuelta causando más dolor, al sentir en mí ya lastimado pie,
el calor ardiente del agua que antes fresca hoy era como un fuego ardiente, del
insoportable dolor me estrecho en la pared y deslizo hasta el suelo
convirtiendo el suelo en mi silla, mientras me retuerzo del dolor.
-Deja eso, que siempre
se te quema hasta el agua- Tus
palabras suenen en mi mente con la exacta calidez de tu voz.
-¿Por qué te fuiste
cuando más te necesitaba? – Cuestiono a la voz que mi mente sabe que no es
real pero mi imaginación tal vez por el dolor la hace real.
Mientras tanto, afuera se escucha el croar de las ranas,
indicando el principio del invierno.
-¿Te acuerdas, cuando
nos conocimos?- te pregunto
Aquel día en el
parque, las ranas como ahora acompañaban las palabras que juramos bajo las
estrellas y entre risas parecían que nuestras manos buscaban un resguardo del
frio juntándose ellas.
No obtengo respuesta y el dolor aumenta, mi mala suerte se
ha convertido en un rio de desavenencias.
-Déjame ayudarte,
siempre eres tan torpe con las cosas de la cocina que terminas lastimándote- Suena
tu voz de nuevo, con un tono amoroso parece ser un elixir que calma
momentáneamente el punzante dolor.
-Entonces trato de levantarme, de manera valiente, tiemblo
del dolor pero hay algo que motiva a levantarme.
-¿Qué haces? Te harás
más daño, déjame ayudar- grita inquieta tu voz en mi mente.
Avanzo apoyándome en la pared, mis manos se han convertido
en mis aliados de movimiento cuando mis pies son incapaces de cumplir con su
misión.
-Siéntate por favor,
No quiero que te lastimes- Dices
preocupada.

Llego hasta la mesa donde se encuentra un cántaro que
compramos en una feria barata, el cual sostiene unas marchitas flores.
-¿Te acuerdas de ese cántaro?,
tú lo odiabas pero a mí como me encantaba.
Me decías que no era un florero, aun lo conservas colocado en la mesa- Me
dices mientras me trato de sentar adolorido en una silla grande de madera.
Miro atreves de la ventana, el cielo azul que sonríe sarcásticamente
es ocultado por unas blancas nubes, mis labios entonces dicen: -¿Te acuerdas donde íbamos a comprar el
pastel?, eran tus favoritos, a mí nunca me gustaron, pero por ti y ese día tan
especial no importaría comerlo si al final caía en la magia de tus besos.




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