Uno. El primer numero. Escena primera, Luces apagadas, escenario lleno, altas expectativas.
Desde un telón que toca el suelo, unos ojos observan, todo parece estar preparado.
Entonces al centro de la madera, en el medio, una luz corta la obscuridad, se observa un atril con los acordes que resonaran aquella noche y es entonces que el gran telón se abre, la gran tela parece empujar a delgado personaje, que con lentes sostiene con gran fuerza un violín, camina hasta la luz, temiendo caer, tropezar, y tal vez mas que temer, parece buscar un pretexto para no llegar hasta el lugar indicado.
El público, expectante aplaude con la obligación rutinaria de los protocolos, el músico toma entonces como estatua la posición aprendida y designada, con carácter sostiene el mango del instrumento, toma el arco, y con toda la fuerza del universo, inhala, el aire parece querer explotar sus pulmones, sus ojos se cierran, y....
-Mi padre siempre me dijo que confiara en mi, en mis propias fuerzas, que descubriera lo fuerte que era, pero que no olvidara que mi fuerza sin ti, es nada.
Silencio total, las notas que debían iluminar aquella gran noche, esas notas que harían saltar de emoción a los verdugos del público, esas mismas notas que en lo ensayos eran sus aliadas, ahora, parecían traicionarlo, ahora salían a la fuerza estorbando el gusto musical de aquellos que sentados, se paraban para disponerse a salir, y así uno a uno primero luego en grupos, aquel gran auditorio quedo vació, el músico, decepcionado, el suelo lo recibe de rodillas, ya sin las fuerzas de antes, deja caer sus brazos, y con ellos el traicionero instrumento, pero entonces, escucha unos aplausos que provienen de un solo par de palmas. su agachara mirada levanta a su cabeza, que busca el lugar donde provienen aquellos aplausos, si ya todos se han ido, ante el fracaso la soledad es su compañera pero esos aplausos, parecían indicar que había alguien. Y entonces escucha:
- Bien hecho hijo, increíble concierto.
- Lo he arruinado todo, todo, absolutamente todo ha salido mal. - dice disgustado el músico.
- Si aun hay soluciones, no esta arruinado.
- Que soluciones voy a tener- Trata de pararse pero sus piernas no parecen responder.
- Que tal si esta vez, pruebas a tomar tu violín, pero esta vez confía en las fuerzas de aquel que te habla, aquel, que cuando todos te han abandonado esta aquí, aplaudiéndote y dándote ánimos.
- Entonces tu eres... - el músico, cierra sus ojos, sus temblorosas piernas ahora levantan aquel pesado cuerpo, sus brazos mas tranquilos pero firmes levantan el violín.
Y aquella noche, el auditorio vació lleno sus sillas, con el mejor concierto que nunca tuvo el placer de tener.
No hay comentarios:
Publicar un comentario