La noche es indicada por las luces de los faroles que encendidos iluminan las calles de aquella ciudad, pocos carros circulan por sus negras calles, ninguna persona se ve caminar por sus puentes, tal vez todos duermen con el sonido del silencio de la noche.
Camino por aquellas desoladas calles, veo las ventanas cerradas y las puertas con sus cerrojos, nada resulta amigable para un forastero que recién llega, veo rótulos colgados que son movidos por el viento haciendo ruidos espantosos, llego a una intersección y todas las calles me resultan iguales, incluso las casas aunque diferentes después de verlas por un rato resultan muy similares.
El caminar de los pies que seguidos por el impulso de la mente que constantemente ordena a los ojos diferencias entre la obscuridad algún rastro de vida, algún ser que camine en la calle desolada, alguna ventana abierta con la luz esperando mi llegada, pero es en vano el esfuerzo y comienzo a darme por vencido, cuando entre la niebla cercana al muelle distingo un movimiento.
Finalmente comienzo a contar alegremente todo mi viaje, alguien se apiado a escucharme, pude contar cada una de mis aventuras, cada una de las razones de mis cicatrices patrocinadas por cada viaje a cada extraña parte del mundo que había viajado, finalmente con una sonrisa di mi último respiro, al fin alguien escucho lo que tanto quería contar.
Ya en la mañana, los lugareños salen de sus casas y ven el cuerpo de alguien que jamas había estado en aquel pueblo, evidentemente era un forastero, el cual lo encontraron a la par de una vieja vela de barco que aun se movía por el viento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario