Pasos acompañados de sonidos estremecen una acomodada calma, entre una obscuridad natural se cuelan la luz prestada de la luna que revela una figura que aunque pausado una preocupación parece levantar sus pies, el cual se sujeta para evitar caer entre enormes árboles que antiguos se conservan en pie como veteranos del tiempo, legendarios sobrevivientes del poder de una pequeña semilla, con sus ramas enloquecidas por la alucinación nocturna se pierden en un cielo sin fin.
La respiración comienza a indicar un cansancio, que aunque controlado desespera la búsqueda es entonces que en un claro donde las hojas de aquellos míticos árboles no alcanza a cubrir tal vez por pereza o por respeto, una halo de luz se desliza hasta tocar la tierra, que al verlo resplandece aún mas iluminando con la intensidad de una luz de día aquel hueco del bosque, los ojos sorprendidos parece decir que se ha puesto fin a la duda de los pasos y despacio con una mano al frente se acerca para con un reflejo de imaginación pretender tomar la luz que parecer por su intensidad y su frialdad un objeto solido, y entonces, con la misma rapidez que aumento su brillo desaparece, pero con ella parece llevarse al viajero, al menos se ha ido con su deseo cumplido el de al menos saber que es tocar la luz.
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