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jueves, 19 de septiembre de 2013

La carta

Es el inicio diario, la rutina del as maquinas, despertar, levantarse para luego regresar con aquello escrito en piedra.


Primera escena.
Nublada la vista, mas que los ojos de la cara, ven borrosos los ojos de la mente y el corazón, que sin comunicarse ambos, o mas bien al odiarse mutuamente llevan a decisiones que conlleve al fin de ambos, la mente con estrategias calculadas, el corazón, al ser mas emotivo se arrebata en goles de ira contra aquel, pero ambos con el fin mismo pero contrario, se juntan en la acción decidida de no vivir juntos, o mas bien morir ambos para no verse más.

Era tarde, una tarde fría, con el cielo claro de siempre, pero cubierto por miles de nubes grises que a ojos de seres pequeños como nosotros asemeja el paladar de una oscura boca, y entre estos mortales, sobre un claro de montaña, perdido entre el bosque, un lugar inhabitado por estos seres, esta alguien sosteniendo entre las manos las herramienta que si es usada sin mucho cerebro pero si con mucha decisión, comprobara los dotes de mortales que tiene esta especie humana.

Porque tratas de escapar, se interroga cada mañana, la rutina es siempre la misma, abrir los ojos, o más bien semi-abiertos, nunca completos, luego balancear el cuerpo por el mismo lado de la cama, sentarse en un lugar ya hundido por la repetición, esperar un rato y rascarse los ojos, y comprobar el tamaño de la barba y si amerita ser cortada este día o aguanta hasta el siguiente, luego abrir la boca por un largo rato, aquello llamado bostezo, para luego buscar a ciegas las sandalias de siempre, las cuales son colocadas siempre en el mismo lugar con lo cual la tarea pierde la parte de intriga ya que son encontradas fácilmente.

Posteriormente la rutina sigue como siempre, levantarse, ir al baño, desalojar líquidos mirarse al espejo y terminar de abrir los ojos luego de lavarse la cara cepillarse o al menos pasarse el cepillo de dientes, Tostar el pan, mientras unos huevos se estrellan en una cacerola de aceite ardiendo, y encender la radio para escuchar las noticias con la inconformidad de leer el mismo libro una y otra vez mientras el café hierbe dando un aroma mañanero a todo el lugar. Sentado en la silla gastada por la rutina de siempre, sentado toma su café, ve fijamente el periódico que tiene enfrente, lee como maquina, viendo letras mientas piensa todo el trabajo de la oficina que no alcanzo a terminar en las horas extras no pagadas de ayer. Pero obra del destino, fuga del tiempo, coincidencia espacial los ojos acostumbrados a la rutina misma de siempre, domados y anestesiados hacia todo aquello que lo rodea, finalmente esos ojos dormidos, ven algo nunca visto, en la mesa, es una carta, pero esta resalta sobre el promontorio normal de recibos, anuncios, reclamos y pagos. revuelta entre ellas es capaz de brillar con propia luz, el sobre es corriente, blanco , de esos de 15 centavos, lo mas normal y confundible del mundo, pero es capaz de causar la atención de la domada retina, que ordena a las manos a investigar ese extraño objeto, contrario a la rutina diaria, de tomar siempre todos esos recibos y guardarlos para verlos al regresar del trabajo estos son apartados para tomar esa única carta la cual se encuentra al medio de aquel promontorio de problemas, el sobre es abierto, con cierto medio por que el romper esa rutina diaria se siente tan bien, es casi una acción extrema, la aventura de la vida que parece empezar con la apertura de aquel sobre, y entonces se inspecciona el interior con calma pero a la vez con el nerviosismo natural de aquel momento, sacan entonces las manos un papel que doblado es rápidamente devuelto a su estado normal, los ojos entonces finalmente ven con claridad lo que dice aquella carta.

Rápido toma lo ultimo que tenia en su gran taza de café, toma el saco del perchero e inmediatamente enciende el carro, es hora de trabajar manda la rutina, pero algo fue diferente ahora, y la carta va dentro del saco, eso si, es colocada de manera rápida e inercial en el bolsillo interior de este, es una bolsa grande y aquella carta esta cómodamente colocada en su interior, refugiada del futuro que la aguarda.

Ruido de maquinas, cuartos encerrados, unas pocas plantas las cuales son colocadas para disimular aquel lugar y darle algo de vida al gris muerto de las paredes, gente rápida circula entre sus pasillos, sin querer ser vistos, casi sin ruido dejando papeles aquí y allá, pocas palabras son pronunciadas, solo las necesarias.

Entra entonces aquel que descubrió la carta entre su costumbre, con el mismo saco, camina por el mismo pasillo, llevando el mismo atache, saluda de la misma manera, y registra su tarjeta de igual manera, coloca su sombrero en el perchero de siempre, y se dirige el mismo a encerrarse en su celda de su arresto consensuado y aceptado. se sienta de la misma manera, técnica dominada ya desde años de repetirla, enciende la máquina y espera a repetido operativo, mientras él, observa y la mente da vueltas a la carta y a su contenido, divaga mentalmente, y sus ojos ruedan en su eje inferior para pasar al superior, entonces suenan las bocinas del computador, el sistema esta cargado, y la base del antivirus actualizada, y no puede más, la mente y el corazón se deciden a mirar a los costados para ver si aquello seres enjaulados los observa y al percatarse que es seguro, desliza la mano hasta la bolsa grande del saco, y saca la carta, la abre de nuevo, con la misma emoción de la primera vez, la revisa, y la lee, solo en sí mismo, una y otra vez, es entonces que se congela su rostro, la boca comienza a mostrar la tensión de una decisión contraria a lo estipulado y posteriormente muestra la natural corrección ante lo nuevo, pero parece estar decidido, es entonces que de un golpe en el escritorio, con ambos manos se impulsa y se levanta de la silla, parece una tarea pesada, es levantar toda esa rutina sobre sus hombros en ese preciso momento, se levanta con tanta fuerza que no hay vuelta atrás, tiene que hacerlo ahora, es el momento preciso, todo en un solo impulso, y finalmente al haberse despejado de la silla y mas que eso, poner recta su espalda, completamente perpendicular a ella y es entonces que con la cabeza da vueltas sobre su eje para observar a su alrededor, ver las pequeñas celdas, esas cárceles que lo rodean, y observa su propia cárcel, la prisión en la cual él mismo quiso detenerse, el mismo se encerró con contrato para toda la vida, sin prestaciones y con lujo de 10 días de vacación; entonces ahora más que nunca, camina se aleja de esa máquina que tanto malle había hecho al perder tantas veces el avance de sus trabajos contables, y sale a la puerta, todo comienza a tornar una visión diferente, camina lento, cuesta caminar, aun los lazos de esa vieja costumbre lo están deteniendo, es pesado caminar, el aire se hace nada en los pulmones y cuesta respirar, se tiene que hacer fuerza con cada gramo de musculo del cuerpo, la espalda quiere arquearse pero el orgullo obtenido con haber pasado la primera prueba la mantiene firme, las piernas tiemblan, la fuerza es demasiada, y un pequeño momento de tensión, pero finalmente, el primer pie atraviesa finalmente la línea de su oficina, y seguido viene el otro que con esfuerzo también atraviesa esa barrera, y decide caminar por ese pasillo, continuarlo hacia el lugar más temible, la cueva del mismo carcelero, y en el pasillo todos los puntos de visión están centrados en él, que camina mientras un murmullo de voces lo recrimina, no hay de aquellos que pasan para estorbar su paso y hacerlo caer, otras manos lo intentan agarrar como se pueda para evitar su libertad, los presos quieren seguirlo viendo preso y ambicionan ahora su momentánea libertad y con envidia quieren arrebatársela, pero la decisión es firme, escapa de todo obstáculo y se encuentra entonces, cara a cara con aquel que paga por su encierro, cansado, jadea, mientras aquel, que es un gordo que fuma un cigarro lo mira con disgusto, abre la boca para gritarle y ordenar que regrese a su cárcel, cuando levanta la carta que queda enfrente de la cara del opresor que la mira la toma y una larga humareda sale de su cara disgustada, pero el trato esta hecho, la libertad finalmente ha sido conseguida, y todo a su alrededor comienza a girar, y aquel lugar de cárceles y sueños rotos, con olor a tabaco y esa cara malhumorada desaparecen y se encuentra en su casa, la misma que lo ve despertarse, lo saluda la mañana abre los ojos, pero ahora sin inmutarse rompe la rutina diaria, y finalmente le cuesta encontrar las sandalias que ahora parecían estar en cualquier lugar y el tostador de la mañana indica son su click la aparición de un nuevo pan que como él comienzan a tornar su vida con un color diferente, con una actividad fuera de la maquinaria de la rutina.



Segunda Escena.
-Dime que te quedaras, interrumpe una vos en el silencio.
-Prometo nada mas aquello que pueda cumplir.
-Siempre tu con tus juegos de palabras, solo para no decirme directamente las cosas
-solo no quiero verte sufrir
-PERO YA ESTOY SUFRIENDO QUE NO VES.....
(Escenas de una casa, ordenada, de mañana se ve el cuarto ordenado pero solo, todo está solo, con imágenes puestas de personas que pasan jugando una con otra, desordenando, tirando la ropa aquí y allá, alegres) Y se detiene todo ante una silueta, alguien sentado a contra luz, es una mujer, que mira hacia la fuente de luz, una ventana, que parece mirarla a ella con ojos de pena, o misericordia al ver su soledad, quisiera hacerle compañía, que aunque se la hace, no es humana y su compañía no es aceptada por elementos circunstanciales. se prepara para salir, con todas las técnicas que las mujeres parecen dominar con exactitud se aplica el maquillaje necesario para ocultar su tristeza, el rímel justo para disimular su soledad, el collar perfecto para desorientar su melancolía, los zapatos que mas que elevarla unos centímetros del suelo, la evitan sentirse muy cerca de donde se ha tirado a llorar un mar completo, ropa sobria, nada llamativo, pero no deja de vestirse provocativamente, toma su cartera y se retira, Es ella, lista, sentada en un café, con su cartera parece querer detener que la vean, o tal vez para llamar aún más la atención, pero colocada delante de sus manos que por ansiosas tratan de ocultarse. Personas la acompañan, cada una se sienta en el asiento que enfrente de ella está lleno de soledad, que muy a pesar de estar hablando con todos aquellos que llegan , sabe que siempre habla con la misma soledad, comparten, parecen reír, el café de ella nunca se consume o si acaso va desapareciendo lentamente, pero es casi invisible mientras de aquellos que se sientan enfrente de ella, piden lo que puedan para impresionarla, tal vez si es posible o si fuera ético tirarían su cartera abierta con todos sus billetes para colocarlos sobre la mesa, y tratar así seguir con un nivel más cínico o bizarro de impresionamiento animal, ella los escucha, tal vez necesita ella lo mismo, alguien que la escuche, casi no dice mayor palabra, solo sonríe, con la proezas que le comentan sus acompañantes, pero ella sabe bien que la mayoría es mentira:
"-si una vez salve un bus de niños que estaba apunto de caerse de un precipicio allá en áfrica, también les di comida y me dieron grandes medallas y reconocimientos."
"-trabaje en la silla, y le di la mano al presidente más poderoso  de todo el mundo."
Y así cada uno tiene su formulada mentira, como sabemos todo es para poderla impresionar. Aunque sus ojos le dicen claramente que no puede creer en ninguno.
Sale finalmente de ese falso lugar, trata de caminar rápido, asqueada todo lo escuchado y del lugar mismo, no parece haber nada bueno, su cartera que antes era llevada sutilmente sobre sus hombros ahora es llevada como costal de alguna verdura en sus manos, no le importa ya si el maquillaje se corrió o llego a perderse esa mascara que oculta su soledad, solo trata de salir de ese lugar.

Pero mientras camina, en las afueras de ese centro comercial se encuentra con alguien que tiene un extraño instrumento de madera, sobre el cual apoya unos papeles blancos, un personaje sentado en un banco el cual sostiene un lápiz, y ve afanosamente por afuera del papelón blanco que le tapa la vista de su frente, ella pasa de lado, muestra desinterés pero algo dentro de ella parece llamarle mucho la atención, trata de pasar con la mayor indiferencia del mundo, viendo nada mas de reojo a aquel sujeto, y este que se percata de la presencia de la mujer, la cual ahora, más natural, muy a pesar de la soledad que ya no es oculta, se ve mas hermosa, y cuando pasa de lado trata de sonreírle, ella no hace caso y parece mostrar aun mayor desinterés y si es posible muestra algo de miedo, pero él insiste.
-"No quisiera un retrato, por ser la cliente numero mil será completamente gratis"
ella se detiene lo mira, trata  de simular una  cara de disgusto pero algo dentro de ella la mueve a tomar asiento en lo que ahora sus ojos vieron el asiento destinado para aquellos que querían formar parte de los lienzos de aquel artista.
Ella en silencio, al igual que el, pero ambos disfrutan este momento, sus ojos que se encuentran furtivamente, se hablan y no necesitan de las palabras para dar a entender lo que esta pasando ese momento.

El es habido artista, parece  que tiene experiencia y con gran sutileza dibuja el rostro de ella, son una amplia sonrisa que la hace aun mas atractiva, y la obra esta terminada, ambos se acercan y hace ella parece estar complacida con el trabajo, el artista le da el cuadro y se despiden casi como extraños pero por dentro como que se hubieran conocido íntimamente.
Ella ya en la casa desenrolla el cuadro, y al desenrollarlo se desliza una carta  cual es seguida por su vista, esta en un sobre ya dañado un poco por los años tal vez pero aun sigue siendo funcional, ella curiosa, lo toma, tenia tiempos de no recibir una carta,  pero en su mente dice, ah de ser algún promocional que el coloca a sus cuadros para llamarlo y hacer pinturas.
Pero  sus manos toman esa carta, esperando que esa carta sea como aquellas que recibía años atrás, cuando era mas joven, abre cuidadosamente el dañado sobre, y saca de el un papel, que doblado es desdoblado con sutileza femenina, sus pupilas se dilatan y observa cuidadosamente cada palabra que en aquella carta está escrita, sonríe, y entonces toma su cartera, no se arregla el pelo ni se maquilla, sabe que aquél que la espera, la ha visto de esa manera y la amo a su manera. 


Tercera escena.

Es de noche y es cuando se nos dice desde pequeños, que a esas horas no debemos de caminar, pero una silueta parece ir en contra sentido a esta ley, debate el sentido mismo de la enseñanza maternal, y camina, con la cabeza baja, pero rápido tal vez huyendo a esa madre que podría observarlo de alguna ventana cercana, o tal vez camina de esa manera porque tiene un objetivo claro, o es nada mas el escape rutinario de los miedos que lo persiguen, y trata de no detenerse no fallarse a él mismo.

Esta la silueta sentada, alguien despeinado, parece no preocuparse por arreglarse, hombre de mediana edad, come solo, una triste luz amarilla es su única compañía,  se escucha un gato, el cual sube después a su mesa, no esta tan solo al parecer, el sin inmutarse mientras el gato lame todo el contenido de su cuchara, mientras el objetivo de sus ojos en centrado en el horizonte, y recuerda, cada una de esas leyes, que fueron impuestas, como una a una el las cumplió, recuerda los gritos de su madre, las faltas de un padre borracho, recuerda cada golpe, la huida de su hermano y su posterior muerte en algún burdel de la mala muerte, recuerda a Sofía, juntos y felices parecían tener un futuro prometedor, recuerda sus paseos por el parque, juntos de la mano, y una lagrima retenida es capaz de escaparse y deslizarse por sus ojos cuando recuerda su cuerpo consumido por el cáncer en un hospital, deja de comer, el gato se ha consumido toda su comida, el gato maúlla pidiendo tal vez cariño o diciendo que la comida aun no ha sido suficiente.

Se para toma los platos sucios que lo rodean que parecen ser el acumulado de todos los tiempos de comida en ese día sigue pensativo, tal vez melancólico, los lava en silencio, en un lavo trastos viejo y sucio, desordenado como él.

Camina, sigue por las calles trata de encontrarle sentido a su caminar tal vez, los postes alargan sus sombras en el pavimento, ningún carro pasa, o el que pasa es ignorado, camina rápido pero hace su marcha cada vez mas lenta, se pierde entonces en la obscuridad.

El amanecer sorprende al siguiente día, se ha levantado mas temprano, el sol oculto entre las nubes, pero el día parece haber iniciado antes lo planeado, alguien duerme, entre unos arbustos, está lejos de la ciudad, esta sucio, pero no lo suficiente, a dormido nada mas una noche en aquel lugar, ojos rojos que notan sufrimiento, constipado por el frio que tuvo que haber soportado el cuerpo en aquel lugar. Se levanta perezoso , buscando tal vez la razón por la cual su cuerpo esta en ese lugar y su mente en otro, camina y ve el horizonte, esta en alguna montana o lugar elevado alcanza a ver las casas muy pequeñas desde esa altura, 

Es así la vida de los mortales  que en la rutina encontramos diversión y en la diferencia aversión.

El sujeto que antes pensativo ahora parece mas emotivo tiene el brazo elevado con la mano apuntando a su cabeza la cual sostiene un arma, sus ojos conteniendo aquel momento, tal vez para recordarlo en el infierno o redimirlo en el cielo. Su otra mano entonces deja caer una carta que en un sobre esta oculta, cae ante sus pies, delicadamente es llevada por el viento.




Fin 

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