Es el inicio diario, la rutina del as maquinas, despertar,
levantarse para luego regresar con aquello escrito en piedra.
Primera escena.
Nublada la vista, mas que los ojos de la cara, ven borrosos
los ojos de la mente y el corazón, que sin comunicarse ambos, o mas bien al
odiarse mutuamente llevan a decisiones que conlleve al fin de ambos, la mente
con estrategias calculadas, el corazón, al ser mas emotivo se arrebata en goles
de ira contra aquel, pero ambos con el fin mismo pero contrario, se juntan en
la acción decidida de no vivir juntos, o mas bien morir ambos para no verse
más.
Era tarde, una tarde fría, con el cielo claro de siempre,
pero cubierto por miles de nubes grises que a ojos de seres pequeños como
nosotros asemeja el paladar de una oscura boca, y entre estos mortales, sobre
un claro de montaña, perdido entre el bosque, un lugar inhabitado por estos
seres, esta alguien sosteniendo entre las manos las herramienta que si es usada
sin mucho cerebro pero si con mucha decisión, comprobara los dotes de mortales
que tiene esta especie humana.
Porque tratas de escapar, se interroga cada mañana, la
rutina es siempre la misma, abrir los ojos, o más bien semi-abiertos, nunca
completos, luego balancear el cuerpo por el mismo lado de la cama, sentarse en
un lugar ya hundido por la repetición, esperar un rato y rascarse los ojos, y
comprobar el tamaño de la barba y si amerita ser cortada este día o aguanta
hasta el siguiente, luego abrir la boca por un largo rato, aquello llamado
bostezo, para luego buscar a ciegas las sandalias de siempre, las cuales son
colocadas siempre en el mismo lugar con lo cual la tarea pierde la parte de
intriga ya que son encontradas fácilmente.
Posteriormente la rutina sigue como siempre, levantarse, ir
al baño, desalojar líquidos mirarse al espejo y terminar de abrir los ojos
luego de lavarse la cara cepillarse o al menos pasarse el cepillo de dientes,
Tostar el pan, mientras unos huevos se estrellan en una cacerola de aceite
ardiendo, y encender la radio para escuchar las noticias con la inconformidad
de leer el mismo libro una y otra vez mientras el café hierbe dando un aroma
mañanero a todo el lugar. Sentado en la silla gastada por la rutina de siempre,
sentado toma su café, ve fijamente el periódico que tiene enfrente, lee como
maquina, viendo letras mientas piensa todo el trabajo de la oficina que no
alcanzo a terminar en las horas extras no pagadas de ayer. Pero obra del
destino, fuga del tiempo, coincidencia espacial los ojos acostumbrados a la
rutina misma de siempre, domados y anestesiados hacia todo aquello que lo
rodea, finalmente esos ojos dormidos, ven algo nunca visto, en la mesa, es una
carta, pero esta resalta sobre el promontorio normal de recibos, anuncios,
reclamos y pagos. revuelta entre ellas es capaz de brillar con propia luz, el
sobre es corriente, blanco , de esos de 15 centavos, lo mas normal y
confundible del mundo, pero es capaz de causar la atención de la domada retina,
que ordena a las manos a investigar ese extraño objeto, contrario a la rutina
diaria, de tomar siempre todos esos recibos y guardarlos para verlos al
regresar del trabajo estos son apartados para tomar esa única carta la cual se
encuentra al medio de aquel promontorio de problemas, el sobre es abierto, con
cierto medio por que el romper esa rutina diaria se siente tan bien, es casi
una acción extrema, la aventura de la vida que parece empezar con la apertura
de aquel sobre, y entonces se inspecciona el interior con calma pero a la vez
con el nerviosismo natural de aquel momento, sacan entonces las manos un papel
que doblado es rápidamente devuelto a su estado normal, los ojos entonces
finalmente ven con claridad lo que dice aquella carta.
Rápido toma lo ultimo que tenia en su gran taza de café,
toma el saco del perchero e inmediatamente enciende el carro, es hora de
trabajar manda la rutina, pero algo fue diferente ahora, y la carta va dentro
del saco, eso si, es colocada de manera rápida e inercial en el bolsillo
interior de este, es una bolsa grande y aquella carta esta cómodamente colocada
en su interior, refugiada del futuro que la aguarda.
Ruido de maquinas, cuartos encerrados, unas pocas plantas
las cuales son colocadas para disimular aquel lugar y darle algo de vida al
gris muerto de las paredes, gente rápida circula entre sus pasillos, sin querer
ser vistos, casi sin ruido dejando papeles aquí y allá, pocas palabras son
pronunciadas, solo las necesarias.
Entra entonces aquel que descubrió la carta entre su
costumbre, con el mismo saco, camina por el mismo pasillo, llevando el mismo
atache, saluda de la misma manera, y registra su tarjeta de igual manera,
coloca su sombrero en el perchero de siempre, y se dirige el mismo a encerrarse
en su celda de su arresto consensuado y aceptado. se sienta de la misma manera,
técnica dominada ya desde años de repetirla, enciende la máquina y espera a
repetido operativo, mientras él, observa y la mente da vueltas a la carta y a
su contenido, divaga mentalmente, y sus ojos ruedan en su eje inferior para
pasar al superior, entonces suenan las bocinas del computador, el sistema esta
cargado, y la base del antivirus actualizada, y no puede más, la mente y el
corazón se deciden a mirar a los costados para ver si aquello seres enjaulados
los observa y al percatarse que es seguro, desliza la mano hasta la bolsa
grande del saco, y saca la carta, la abre de nuevo, con la misma emoción de la
primera vez, la revisa, y la lee, solo en sí mismo, una y otra vez, es entonces
que se congela su rostro, la boca comienza a mostrar la tensión de una decisión
contraria a lo estipulado y posteriormente muestra la natural corrección ante
lo nuevo, pero parece estar decidido, es entonces que de un golpe en el
escritorio, con ambos manos se impulsa y se levanta de la silla, parece una
tarea pesada, es levantar toda esa rutina sobre sus hombros en ese preciso
momento, se levanta con tanta fuerza que no hay vuelta atrás, tiene que hacerlo
ahora, es el momento preciso, todo en un solo impulso, y finalmente al haberse
despejado de la silla y mas que eso, poner recta su espalda, completamente
perpendicular a ella y es entonces que con la cabeza da vueltas sobre su eje
para observar a su alrededor, ver las pequeñas celdas, esas cárceles que lo
rodean, y observa su propia cárcel, la prisión en la cual él mismo quiso
detenerse, el mismo se encerró con contrato para toda la vida, sin prestaciones
y con lujo de 10 días de vacación; entonces ahora más que nunca, camina se
aleja de esa máquina que tanto malle había hecho al perder tantas veces el
avance de sus trabajos contables, y sale a la puerta, todo comienza a tornar
una visión diferente, camina lento, cuesta caminar, aun los lazos de esa vieja
costumbre lo están deteniendo, es pesado caminar, el aire se hace nada en los
pulmones y cuesta respirar, se tiene que hacer fuerza con cada gramo de musculo
del cuerpo, la espalda quiere arquearse pero el orgullo obtenido con haber
pasado la primera prueba la mantiene firme, las piernas tiemblan, la fuerza es
demasiada, y un pequeño momento de tensión, pero finalmente, el primer pie
atraviesa finalmente la línea de su oficina, y seguido viene el otro que con
esfuerzo también atraviesa esa barrera, y decide caminar por ese pasillo,
continuarlo hacia el lugar más temible, la cueva del mismo carcelero, y en el
pasillo todos los puntos de visión están centrados en él, que camina mientras
un murmullo de voces lo recrimina, no hay de aquellos que pasan para estorbar
su paso y hacerlo caer, otras manos lo intentan agarrar como se pueda para
evitar su libertad, los presos quieren seguirlo viendo preso y ambicionan ahora
su momentánea libertad y con envidia quieren arrebatársela, pero la decisión es
firme, escapa de todo obstáculo y se encuentra entonces, cara a cara con aquel
que paga por su encierro, cansado, jadea, mientras aquel, que es un gordo que
fuma un cigarro lo mira con disgusto, abre la boca para gritarle y ordenar que
regrese a su cárcel, cuando levanta la carta que queda enfrente de la cara del
opresor que la mira la toma y una larga humareda sale de su cara disgustada,
pero el trato esta hecho, la libertad finalmente ha sido conseguida, y todo a
su alrededor comienza a girar, y aquel lugar de cárceles y sueños rotos, con olor
a tabaco y esa cara malhumorada desaparecen y se encuentra en su casa, la misma
que lo ve despertarse, lo saluda la mañana abre los ojos, pero ahora sin
inmutarse rompe la rutina diaria, y finalmente le cuesta encontrar las
sandalias que ahora parecían estar en cualquier lugar y el tostador de la
mañana indica son su click la aparición de un nuevo pan que como él comienzan a
tornar su vida con un color diferente, con una actividad fuera de la maquinaria
de la rutina.
Segunda Escena.
-Dime que te quedaras, interrumpe una vos en el silencio.
-Prometo nada mas aquello que pueda cumplir.
-Siempre tu con tus juegos de palabras, solo para no decirme
directamente las cosas
-solo no quiero verte sufrir
-PERO YA ESTOY SUFRIENDO QUE NO VES.....
(Escenas de una casa, ordenada, de mañana se ve el cuarto
ordenado pero solo, todo está solo, con imágenes puestas de personas que pasan
jugando una con otra, desordenando, tirando la ropa aquí y allá, alegres) Y se
detiene todo ante una silueta, alguien sentado a contra luz, es una mujer, que
mira hacia la fuente de luz, una ventana, que parece mirarla a ella con ojos de
pena, o misericordia al ver su soledad, quisiera hacerle compañía, que aunque
se la hace, no es humana y su compañía no es aceptada por elementos
circunstanciales. se prepara para salir, con todas las técnicas que las mujeres
parecen dominar con exactitud se aplica el maquillaje necesario para ocultar su
tristeza, el rímel justo para disimular su soledad, el collar perfecto para
desorientar su melancolía, los zapatos que mas que elevarla unos centímetros
del suelo, la evitan sentirse muy cerca de donde se ha tirado a llorar un mar
completo, ropa sobria, nada llamativo, pero no deja de vestirse
provocativamente, toma su cartera y se retira, Es ella, lista, sentada en un
café, con su cartera parece querer detener que la vean, o tal vez para llamar
aún más la atención, pero colocada delante de sus manos que por ansiosas tratan
de ocultarse. Personas la acompañan, cada una se sienta en el asiento que
enfrente de ella está lleno de soledad, que muy a pesar de estar hablando con
todos aquellos que llegan , sabe que siempre habla con la misma soledad,
comparten, parecen reír, el café de ella nunca se consume o si acaso va
desapareciendo lentamente, pero es casi invisible mientras de aquellos que se
sientan enfrente de ella, piden lo que puedan para impresionarla, tal vez si es
posible o si fuera ético tirarían su cartera abierta con todos sus billetes
para colocarlos sobre la mesa, y tratar así seguir con un nivel más cínico o
bizarro de impresionamiento animal, ella los escucha, tal vez necesita ella lo
mismo, alguien que la escuche, casi no dice mayor palabra, solo sonríe, con la
proezas que le comentan sus acompañantes, pero ella sabe bien que la mayoría es
mentira:
"-si una vez salve un bus de niños que
estaba apunto de caerse de un precipicio allá en áfrica, también les di comida
y me dieron grandes medallas y reconocimientos."
"-trabaje en la silla, y le di la mano
al presidente más poderoso de todo el
mundo."
Y así cada uno tiene su formulada mentira, como sabemos todo
es para poderla impresionar. Aunque sus ojos le dicen claramente que no puede
creer en ninguno.
Sale finalmente de ese falso lugar, trata de caminar rápido,
asqueada todo lo escuchado y del lugar mismo, no parece haber nada bueno, su
cartera que antes era llevada sutilmente sobre sus hombros ahora es llevada
como costal de alguna verdura en sus manos, no le importa ya si el maquillaje
se corrió o llego a perderse esa mascara que oculta su soledad, solo trata de
salir de ese lugar.
Pero mientras camina, en las afueras de ese centro comercial
se encuentra con alguien que tiene un extraño instrumento de madera, sobre el
cual apoya unos papeles blancos, un personaje sentado en un banco el cual
sostiene un lápiz, y ve afanosamente por afuera del papelón blanco que le tapa
la vista de su frente, ella pasa de lado, muestra desinterés pero algo dentro
de ella parece llamarle mucho la atención, trata de pasar con la mayor
indiferencia del mundo, viendo nada mas de reojo a aquel sujeto, y este que se
percata de la presencia de la mujer, la cual ahora, más natural, muy a pesar de
la soledad que ya no es oculta, se ve mas hermosa, y cuando pasa de lado trata
de sonreírle, ella no hace caso y parece mostrar aun mayor desinterés y si es
posible muestra algo de miedo, pero él insiste.
-"No quisiera un retrato, por ser la
cliente numero mil será completamente gratis"
ella se detiene lo mira, trata de simular una cara de disgusto pero algo dentro de ella la
mueve a tomar asiento en lo que ahora sus ojos vieron el asiento destinado para
aquellos que querían formar parte de los lienzos de aquel artista.
Ella en silencio, al igual que el, pero ambos disfrutan este
momento, sus ojos que se encuentran furtivamente, se hablan y no necesitan de
las palabras para dar a entender lo que esta pasando ese momento.
El es habido artista, parece
que tiene experiencia y con gran sutileza dibuja el rostro de ella, son
una amplia sonrisa que la hace aun mas atractiva, y la obra esta terminada,
ambos se acercan y hace ella parece estar complacida con el trabajo, el artista
le da el cuadro y se despiden casi como extraños pero por dentro como que se
hubieran conocido íntimamente.
Ella ya en la casa desenrolla el cuadro, y al desenrollarlo
se desliza una carta cual es seguida por
su vista, esta en un sobre ya dañado un poco por los años tal vez pero aun
sigue siendo funcional, ella curiosa, lo toma, tenia tiempos de no recibir una
carta, pero en su mente dice, ah de ser
algún promocional que el coloca a sus cuadros para llamarlo y hacer pinturas.
Pero sus manos toman
esa carta, esperando que esa carta sea como aquellas que recibía años atrás,
cuando era mas joven, abre cuidadosamente el dañado sobre, y saca de el un
papel, que doblado es desdoblado con sutileza femenina, sus pupilas se dilatan
y observa cuidadosamente cada palabra que en aquella carta está escrita,
sonríe, y entonces toma su cartera, no se arregla el pelo ni se maquilla, sabe
que aquél que la espera, la ha visto de esa manera y la amo a su manera.
Tercera escena.
Es de noche y es cuando se nos dice desde pequeños, que a
esas horas no debemos de caminar, pero una silueta parece ir en contra sentido
a esta ley, debate el sentido mismo de la enseñanza maternal, y camina, con la
cabeza baja, pero rápido tal vez huyendo a esa madre que podría observarlo de
alguna ventana cercana, o tal vez camina de esa manera porque tiene un objetivo
claro, o es nada mas el escape rutinario de los miedos que lo persiguen, y
trata de no detenerse no fallarse a él mismo.
Esta la silueta sentada, alguien despeinado, parece no
preocuparse por arreglarse, hombre de mediana edad, come solo, una triste luz amarilla es su única
compañía, se escucha un gato, el cual
sube después a su mesa, no esta tan solo al parecer, el sin inmutarse mientras
el gato lame todo el contenido de su cuchara, mientras el objetivo de sus ojos
en centrado en el horizonte, y recuerda, cada una de esas leyes, que fueron
impuestas, como una a una el las cumplió, recuerda los gritos de su madre, las
faltas de un padre borracho, recuerda cada golpe, la huida de su hermano y su
posterior muerte en algún burdel de la mala muerte, recuerda a Sofía, juntos y
felices parecían tener un futuro prometedor, recuerda sus paseos por el parque,
juntos de la mano, y una lagrima retenida es capaz de escaparse y deslizarse
por sus ojos cuando recuerda su cuerpo consumido por el cáncer en un hospital,
deja de comer, el gato se ha consumido toda su comida, el gato maúlla pidiendo
tal vez cariño o diciendo que la comida aun no ha sido suficiente.
Se para toma los platos sucios que lo rodean que parecen ser
el acumulado de todos los tiempos de comida en ese día sigue pensativo, tal vez
melancólico, los lava en silencio, en un lavo trastos viejo y sucio,
desordenado como él.
Camina, sigue por las calles trata de encontrarle sentido a
su caminar tal vez, los postes alargan sus sombras en el pavimento, ningún
carro pasa, o el que pasa es ignorado, camina rápido pero hace su marcha cada
vez mas lenta, se pierde entonces en la obscuridad.
El amanecer sorprende al siguiente día, se ha levantado mas
temprano, el sol oculto entre las nubes, pero el día parece haber iniciado
antes lo planeado, alguien duerme, entre unos arbustos, está lejos de la
ciudad, esta sucio, pero no lo suficiente, a dormido nada mas una noche en
aquel lugar, ojos rojos que notan sufrimiento, constipado por el frio que tuvo
que haber soportado el cuerpo en aquel lugar. Se levanta perezoso , buscando
tal vez la razón por la cual su cuerpo esta en ese lugar y su mente en otro,
camina y ve el horizonte, esta en alguna montana o lugar elevado alcanza a ver
las casas muy pequeñas desde esa altura,
Es así la vida de los mortales que en la rutina encontramos diversión y en
la diferencia aversión.
El sujeto que antes pensativo ahora parece mas emotivo tiene
el brazo elevado con la mano apuntando a su cabeza la cual sostiene un arma,
sus ojos conteniendo aquel momento, tal vez para recordarlo en el infierno o
redimirlo en el cielo. Su otra mano entonces deja caer una carta que en un
sobre esta oculta, cae ante sus pies, delicadamente es llevada por el viento.
Fin
No hay comentarios:
Publicar un comentario