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domingo, 24 de marzo de 2013

Dejame decirte.



Y esta tarde tuve por instinto escribir, sin mas inspiración que mi mente.

Es una tarde calurosa, una tarde de verano, humos de vapor se alcanzan a ver entre los potentes rayos de sol, que parece estar más cerca, o si acaso que creció en su esplendor y calor, una calma quieta parece reinar, el vapor sube tranquilo, sin prisa pero sin quedarse, sube hasta el cielo mismo, donde promete crecer, el cielo donde le han prometido que se convertirán en nubes, esas nubes que andan libres y son libres de formar figuras, esas figuras que los hombres interpretan a su manera, pero lo mas importante, siendo nubes, dejarían de ser un frágil huminto que sube de un techo o del pavimento, y entre más cerca del cielo, más cerca están del sol, el sol que los hizo subir, y mas ahora, se esfuerzan, este día que él, tal vez en acto de piedad se ha acercado un poco más, suben con mas prisa, suben para ser nubes y estar al menos en su cielo y ver desde este, a su sol.

Las nubes se desvanecen, el viento las lleva por aquí y por alla,  según avanzan se pierden, se desvanecen,  de grandes cúmulos son nada mas un pequeño recuerdo, se arrastran dejando todo su ser en la bóveda celeste, como ideas, como los sentimientos, que algunos grandes otros pequeños, con la fricción del tiempo se pierden, su fuerza no es la misma y se reducen hasta desconocerse. Pero hay nubes que no se pierden, mas parecen crecer, aquellas que caen en lluvia, parecen desaparecer tal vez, pero caen en un espectáculo, una espectáculo de miles de diamantes que caen al suelo y aun así no desaparecen, solo comienzan a llenar la tierra de todas ellas, que dejan de ser nubes y pasan a ser vida, así hay sentimientos, que nunca desaparecen, y mas que eso, son sentimientos que inspiran y mas que dolor, dan vida.


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